domingo, 23 de octubre de 2011


La fuerza de la "Gente de ninguna parte"


Cuando no hay lugar en el mundo donde tener voz y ningún papel puede dar fe de la existencia de un ser humano, es cuando un hombre, una mujer o un niño empiezan a ser invisibles a los ojos de los demás. La exposición fotográfica “Gente de ninguna parte. Los apátridas del mundo” pone rostro y ojos a una realidad dramática.


Los apátridas son gente que no pertenecen a ningún país porque alguien se empeña en que no echen raíces o en arrancárselas de cuajo. Cuando una y otra vez tienen que explicar que esta circunstancia se debe a una situación sobrevenida, perciben en los ojos de su interlocutor la ignorancia, el desconocimiento y incomprensión, desconfianza, en definitiva. 

Así lo explica Ralilla Abulkhanova, una joven profesora cuyo origen es la antigua Unión Soviética (U.R.S.S.). Nació en Kazajstán, donde vivió hasta los 17 años, hasta que por sus estudios se trasladó a Rusia. 

Con la desintegración de la U.R.S.S. la ciudadanía se garantizaba a personas con documentos de residencia permanente. Algo de lo que no pudo beneficiarse. La profunda crisis económica de las repúblicas exsoviéticas llevó a la población a preocuparse de su subsistencia y no de la nacionalidad que tenían. 

Ahora no es de ningún sitio, aunque presentó su solicitud de nacionalidad y, pese a sus estudios y currículo, no tiene nacionalidad oficial. “Para mí la apatridia es no tener identidad, no tener personalidad. Somos gente sin raíces (…) y yo quiero echarlas”, dice con la tristeza reflejada en el rostro Abulkhanova, en un video en el que expone su situación.

El fotógrafo Greg Constantine comenzó hace seis años a retratar a aquellos que no eran de ninguna parte. En la exposición “Gente de ninguna parte” que se presentó en Nueva York (EE.UU.), que ahora pasa por España donde se puede contemplar en la sala de exposiciones BBVA, en el madrileño Paseo de la Castellana, y en unos meses podrá verse en Londres (Reino Unido), refleja a comunidades apátridas de Asia, Europa y África.  

Gracias a la colaboración de la Agencia de la ONU para los Refugiados ACNUR, el fotógrafo estadounidense ha podido plasmar una realidad que afecta a 12 millones de personas en todo el mundo que no tienen una nacionalidad reconocida ni pertenecen oficialmente a ningún país. 

“Las personas apátridas no pueden registrar el nacimiento de un hijo, viajar libremente, ir a la escuela, tener propiedades, disponer de documentación básica, como el pasaporte o un documento de identidad, ni participar en los procesos políticos”, una circunstancia que se va transmitiendo de padres a hijos, según comenta Maricela Daniel, representante en España de ACNUR.

Este año resulta especialmente relevante poner de manifiesto esta situación, pues 2011 es un año de conmemoraciones: se celebra el 60 aniversario de ACNUR, el 60 aniversario del Estatuto de Refugiado y hace 50 años que se promulgó la Convención para la Reducción de la Apatridia. 

LA VOZ.

Daniel señala que la exposición “presenta de una manera sutil y afectiva el dolor de no pertenecer a ningún Estado”.

El autor de las fotografías afirma que cuando comenzó a interesarse por los apátridas se dio cuenta de que faltaban las voces de los protagonistas “y sin la voz de los afectados es difícil entender el problema y cambiar las cosas”, dice Constantine.  

Él mismo cuenta la historia de Ali, un joven nubio de Kenia, cuya familia se trasladó allí hace más de cien años, cuando su bisabuelo estaba al servicio de las tropas británicas y donde nacieron su abuelo y su padre. La administración de ese país africano, tras pedirle un documento tras otro y al no poder presentar la partida de nacimiento de su abuelo, el Gobierno le negó la nacionalidad. El joven confiesa que “con 18 años, te das cuenta de que ese tiempo no ha existido y no eres nadie”.

Dramático también el caso de una pareja de 20 años, pertenecientes a una minoría musulmana de Myanmar (antigua Birmania), que “ahora que van a tener su primer hijo  –cuenta Constantine” deben abandonar el país, pues al no tener documentos que acrediten su nacionalidad, a pesar de que nacieron allí y de la vinculación de sus familias al país, el Gobierno les recuerda 'que ese no es su país y no tienen derecho a reproducirse'".

Costa de Marfil, Ucrania, niños perdidos de Sabah o Bangladesh, como otros lugares, han promulgado leyes y políticas de nacionalidad excluyentes que han tenido un impacto desproporcionado en las minorías étnicas, lingüísticas y religiosas que ha provocado que los apátridas sean una uténtica legión en el mundo.  

Por Inmaculada Tapia.

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